Acá dos párrafos que escribí para la presentación de TodoGrabado. Nos lo pidieron varios días antes y si bien consideré que no era mi labor (aquella siempre debe residir en el escritor del guión original pues de sus entrañas salió la idea) me hice espeler un texto visceral e improvisado. Me agradó bastante y me demostró que, en cierta medida, logré sincronizarme con la historia del corto mismo, una historia que bien me fue ajena en primera instancia y que no logró provocarme mucha fascinación, pero con la que aprendí como nunca antes al momento de su desarrollo, asumiendo como camarógrafo, codirector, asistente en fotografía y en edición. La oportunidad se extendió como un banquete y me serví extasiado.
Lástima que optaron por leer un texto mucho más esaso, menor y FOME al momento de dar la presentación, como con los otros cortos sólo se buscó una introducción bien plana y sin emoción, puedo asegurar que varios de los guionistas también vertieron sangre y ganas a las letras, textos que hubiesen sonado geniales siendo que Rod Halford estaba de presentador (laughs). Whateva, creo que sería la única crítica de la noche: la falta de pasión literaria filosófica como suele suceder en este tipo de eventos (Faltan tripas, falta mística, falta sexo).
Acá el texto:
«Un museo ferroviario como el terreno donde el infierno se presenta. En él, un caminar lento, desfigurado, apenas perceptible y significativo para el resto de la gente que mira y ocasionalmente concede una palabra. La bienvenida silenciosa del hierro oxidado que arraiga los recuerdos de un tiempo que se fue. La mirada cansada de quien ha perdido el tren de regreso a casa, en pugna con la sonrisa fingida de la tentación encarnizada en un Némesis articulador de todo el poder.
El alma de Esteban se ha trizado,
lo incorpóreo se somatiza y hace erupcionar volcanes que luego se enfrían rápido a la espera de nueva lava que vuelva a violentar el torrente de sangre al interior de sus arterias. La humareda de los trenes vástagos se le escapa de la boca a borbotones, de la misma forma elimina sus recuerdos en busca de la anhelada sanación. Así, seguirá caminando: pondrá una contención provisoria a su idealismo, y usará máscaras neutras, a veces sonrientes: se arrendará al sistema hasta que logre dar con el camino que lo devuelva al agujero del conejo,
aquel vortex místico que lo lleve de regreso al lugar mágico en donde conoció lo que la gente normal suele llamar “felicidad”. Aquella sensación es lo que busca recuperar, su ausencia es el GRABADO que se marca como un filo que le cauteriza la piel y hace trizas la carne. Seguirá caminando y botando humo hasta dar con el agujero, o hasta que el volcán reúna la suficiente sangre como para estallar por una última vez. En aquel museo ferroviario, al alero del clima gris de una primavera que no es primavera, Esteban tendrá que elegir lo uno o lo otro, pues lo sabe: el destino NO existe, sólo las decisiones marcan el camino».
«Sucede que me canso de ser hombre.
Sucede que entro en las sastrerías y en los cines
marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro
Navegando en un agua de origen y ceniza.
El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.
Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,
sólo quiero no ver establecimientos ni jardines,
ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.
Sucede que me canso de mis pies y mis uñasy mi pelo y mi sombra.Sucede que me canso de ser hombre».Walking AroundPablo Neruda